En el olvido mecí mis brazos buscando tu recuerdo.
Y en la bruma herida de tu pelo encontré la tristeza.
Y para alejar el miedo,
recorría tus bosques altivos de tallos tiernos.
Y sin detenerme, herida,
escuchaba tu grito azul
penetrando la tierra.
Ω
Déjame atravesar tus paredes de musgo enrojecido,
y caminar por tus bosques de febril locura.
Y al llegar la noche,
déjame que repose mi aterido cuerpo
entre tus ramas tiernas de frondosa oliva.
Y cuando los ciervos negros canten su agonía,
déjame buscar tu niebla en mi agua oscura.
Ω
Busco tu voz siempre escondida
entre los nardos y las rocas.
Ya no deseo andar junto a la muerte,
siempre tan unidos.
Intuyo tu vacío invisible, inalcanzable.
Te escucho porque no hablas.
Te busco porque no existes.
Te encuentro porque no eres.
Ω
Diré no a esta noche enlutada por tu ausencia
al amanecer enmascarado del alba
a los soles negros que iluminan tu memoria.
Diré no al impuro mediodía
a mi fuga furiosa hacia las sombras
a la tarde ensangrentada
al sollozante anochecer.
Diré no al vertiginoso sueño
a la luz abandonada.
Diré no a mi despertar.
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