__Roma, paseos por la eternidad __
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Presentación de: ROMA, PASEOS POR LA ETERNIDAD
He de confesar que la realidad visible que me rodeaba se hacía un poco dura al principio. No hace falta mencionar los irritantes detalles porque cualquier visitante a Roma ya lo ha experimentado. Y muchos pensarán que esto ocurre exactamente igual en cualquiera otra ciudad actual. Pero como el italiano es esencialmente exagerado, todo en esta ciudad: el ruido, el tráfico, la contaminación, las multitudes, etc., todo parece estar multiplicado por dos. Sí, era duro bajar del Olimpo para adentrarte en ese alboroto ensordecedor. Pero en mi perplejidad y agotamiento me di cuenta de que el caos era el precio iniciático que el visitante a esta ciudad tiene que pagar para poder llegar a contemplar, o mejor, para poder ser merecedor de ese orden y de esa armonía que sólo se encuentra en esa otra realidad invisible que nos ofrece la ciudad, y poder así escuchar la melodiosa respiración de la memoria de un pasado que yace latente en los museos, basílicas, necrópolis, jardines, piazzas y palazzos. Es precisamente este caos el que te empuja a buscar estos límites de lo invisible. El que hace que la sombra sea luz, y los gritos susurros. Y una vez traspasada esa barrera que separa estas dos realidades: la visible de la no visible, nos ponemos en contacto con la entraña, el cimiento, la raíz, y es entonces cuando vemos la verdadera realidad de Roma. La Roma sagrada, mítica y atemporal. Todo este mundo oculto y mágico forma el armazón, el esqueleto óseo, donde se apoya la caótica realidad visible de esta ciudad que desafiando a los dioses se ha autoproclamado eterna. El poeta Antonio Gamoneda una vez me dijo: Es en la invisibilidad donde se engendra la visión. Y yo si se me permitiera continuar la frase os diría: y es en el corazón de lo invisible donde se genera el sentir. Y fue allí, en esa silenciosa desnudez, donde empecé a ver y a amar a Roma por primera vez. No me extenderé en ninguna otra explicación sobre las innumerables maravillas de la ciudad de Roma, ya que estoy acompañada en esta mesa de voces mucho más preparadas y eruditas que la mía. Pero sí quiero mencionar como algo extraordinario por su valor mágico, fresco y genuino, los dibujos de Valentí, en la cubierta y a través del libro, que nos inspiran y nos transportan desde la primera página hasta la última como si del mismo soplo de Venus se tratara. Y con esto les doy las gracias y termino. Marga Clark |